miércoles, marzo 08, 2006

Un día en la Plaza de Mercado

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Volver a Socorro siempre es y será una experiencia sensorial. Al menos así lo veo yo, un hombre de ciudad, acostumbrado al trajín de los buses, las carreras para ir a pagar cuentas en los bancos y el smog de Bogotá -en donde parece que los sentidos ya no funcionan-. Socorro siempre despierta mis sentidos, como no lo logra ningún otro lugar conocido.

Siempre fue costumbre de mi familia retornar al hogar querido en todos los diciembres: Tomar masato, ir a la piscina de Berlín o del Club Socorro, y sobre todo, COMER. Pero cuando uno es niño no disfruta tanto esas tradiciones. Luego vinieron los años del temor ante los actores armados del conflicto, el dejar de viajar por carretera y el sumergirse en la cotidianidad aburrida de dormir-trabajar-dormir. Por un tiempo, olvidé lo que era ir a Socorro. El plan piscina ya no atraía como antes.

Pero todo fue diferente la última vez que fui. Una mañana emprendí el descenso hacia la Plaza de Mercado desde la casa de mi abuelo, fallecido un par de años atrás. En el camino recordaba cuando él llegaba con las bolsas de carne y tamales. Me preguntaba cómo hacía para caminar todo eso. La única explicación es que su generación era de protohombres, de gente muy dura, criada sin químicos y sin todas las mentiras que me venden en un supermercado bogotano.

Al llegar a la Plaza, sabía que estaba frente a la puerta de algunos de mis más desconocidos recuerdos. Necesitaba el switch, un interruptor que me permitiera conectar esa escena con los viajes refunfuñantes del niño que quería ir a jugar pero era obligado a acompañar a su abuelo a mercar.

El primer impacto fue a la entrada, en donde se encuentran las tiendas de juguetes baratos. Tantas veces le insistí a mi madre que me comprara alguno de esos armatostes metálicos. Era la esquina del berrinche. Y en efecto, esos juguetes siguen ahí, intactos, como si fueran los mismos que ví cuando niño.

Luego entré a la zona de los comedores. Dios, yo recuerdo a algunas de estas matronas. Las ví aquí, en medio de los vapores emanados de las ollas y las baldosas blancas, hace más de 20 años. Son las mismas. No han cambiado nada. En ese entonces me asustaban los manjares que servían: Rabadillas de amarillo fluorescente, tamales más grandes que mi cabeza, sopas extrañas en las que no se sabía qué era lo que flotaba.

De repente me atacó un recuerdo como si fuera una punzada en el corazón: "Las carisecas"... Necesitaba encontrar las carisecas. Recordaba que me pasaba buen rato sentado en el andén de la casa de mi abuelo comiendo mamoncillos (que robábamos del árbol de algún vecino) y carisecas, mientras el pueblo dormía la siesta, en aquella hora infernal de las 2:00 p.m.

Empeñado en encontrarlas, recorrí toda la plaza. En ese tour, pasé frente a los jugos de Nicolasa. Oh jugos de Nicolasa, con ñapa que era un segundo vaso. El de guanábana era el más rico, pero el de naranja era el levantamuertos (veía uno a los enguayabados de la fiesta de la noche anterior empacándose su buen vaso de jugo).

En ese recorridos, también pasé por las tiendas de granos. Otra punzada: La imagen de mi madre regañándome por meter la mano entre el costal lleno de fríjoles. Ella no entendía lo sabroso que era hacer eso. Seguro lo hizo cuando era niña, pero su misión era regañarme para que yo no lo hiciera. Y si yo tuviera hijos, seguramente haría lo mismo. Ay, qué buenos recuerdos.

Finalmente encontré las carisecas, al lado del 'stand' de las cebollas. . Ya no las empacan en hojas de plátano sino en bolsas plásticas. Sin embargo, aún tienen su encanto. Por $1.000 se consigue una excelente dotación de carisecas. Por supuesto, suelen ser ubicadas junto a las bolsas de hormigas culonas, y ahí es cuando toca desembolsillar más.

Conclusión: Una aventura de aromas y colores como no suelo ver en ninguna otra parte, y una experiencia que tocó todos los recuerdos de lo que soy: UN SANTANDEREANO.

Por Carlos Solano

martes, marzo 07, 2006

Las hormigas culonas

Por Hernando Medina.

ANTECEDENTES BIOLÓGICOS

Las hormigas Culonas son un género de las hormigas arrieras o hormigas cogedoras de hojas. El genero en si ha sido muy poco estudiado, pero sus características la asemejan grandemente. Como las hormigas representan un peligro para las plantaciones aledañas en la mayor parte de sitios donde se desarrolla es combatida con químicos indiscriminadamente conllevando un mayor deterioro del medio ambiente. Nuestros antepasados los Guane encontraron en las arrieras de la región un rico alimento.

Con lo que nos estaban enseñando una forma de realizar control biológico sobre la especie al integrarla a la gastronomía de la época. Es apenas obvio que es mejor comérselas que exterminarlas.La reina vive normalmente 14 años pero algunas llegan hasta los 20, una obrera soldado vive 2 años, una cargadora, cortadora, jardinera, nodriza etc. vive 6 meses y los zánganos copuladores hasta 4 meses.

Un hormiguero de arriera es adulto o tiene la mayoría de edad cuando produce su primer vuelo nupcial que ocurre generalmente en la época lluviosa (en el Valle son las dos épocas Abril-Mayo y Octubre-Noviembre), este consiste en que con anticipación la reina coloca huevos (diploides y haploides) para la producción de reinas vírgenes aladas y zánganos alados que por alimentación especial de las nodrizas alcanzan esta casta, la alimentación y el cuidado de las nodrizas determina la casta cuyo numero de individuos lo determina la necesidad del hormiguero.

Cuando las reinas vírgenes aladas y los zánganos están listos, salen en manada de los diferentes hormigueros, coincide esta emergencia con épocas lluviosas que favorecen la humedad y la friabilidad del suelo, en la "zona de apareamiento" la reina es copulada uno a uno por 8 zánganos de colonias distintas, por el olor los zánganos reconocen a sus hermanas y no copulan con ellas, así se posibilita la recombinación genética, la reina almacena en la espermateca que tiene en el abdomen el semen de los machos en paquetes separados, la colonia tendrá momentos en que la población pertenece a un mismo padre. La reina es partenogenica y puede colocar entre 3 y 5 mil huevos diarios.

La hormiga arriera tiene muchos enemigos naturales, solo 1 reina de 200 que salen al vuelo nupcial corona un hormiguero maduro, las demás son víctimas de pájaros, reptiles, mamíferos, insectos, microorganismos, entomopatogenos y microparasitos entre otros.La mejor época para intervenir los hormigueros es en la lluviosa cuando ellas están dedicadas principalmente a la construcción y mantenimiento de cámaras para cultivos del hongo, además la friabilidad del suelo facilita la intervencióncon pala o compostaje según la facilidad o necesidad.” (Ing. Orlando Mora, ASIAVA).

En las regiones de Guane y Barichara en Santander en las que el consumo de las hormigas culonas es muy extendido, se cuentan familias de numerosa prole y en las que los jefes anciaños casi centenarios atribuyen su fertilidad y larga vida a esta costumbre alimenticia.

La noche anterior al día del desove, la boca del hormiguero es limpiada de hojas y yerbas por las hormigas obreras en un radio de tres metros. Para salir siempre se escoge un día soleado, de cielo limpio y ausente de corrientes de aire. Previamente en su habitáculo las futuras reinas se acicalan frotándose entre sí para untarse un líquido que segregan y que les presta un color brillante, las hace impermeables y les agrega un olor penetrante que atrae los machos.Salen en filas desde tres hasta cinco en fondo, con sus alitas de delicado celofán amarillo adheridas a su cuerpo y en actitud inocente y virginal. Bajo el celoso cuidado de los soldados o cabezones que están provistos de unas temibles pinzas que de donde se agarran jamás se sueltan, las futuras reinas despliegan sus alas al viento al son de una misteriosa danza vibrátil que se puede escuchar a varias decenas de metros a la redonda.Finalmente emprenden su vuelo nupcial elevándose en forma de espiral hasta alturas de 200 metros. Los machos o padrones las siguen y se sujetan bajo ellas en vuelo durante dos o tres minutos que es lo que dura su acto de amor que es el primero y último de su corta existencia de galán, ya que concluido este, el macho se precipita a tierra sin vida. La hormiga fecundada ya y convertida en reina, desciende a tierra, se quita las alas y comienza a construir su propio hormiguero cuya boca de entrada tendrá el mismo diámetro de la parte más ancha de su abdomen.

A los quince días de frenético e incansable trabajo, desciende bajo tierra poco menos de un metro y allí construye su recámara de forma elíptica con orientación hacia el norte. Ahí y en un fondo de fino polvillo pondrá los huevecillos que habrán de dar origen a una nueva colonia.La cuidadosa preparación de reinas y padrones con un especial alimento segregado por sus propias nodrizas, la fuerza del vigor que en su único acto de amor le trasmite el macho a su compañera para luego morir, y el suceso de que una reina únicamente es fecundada por una sola vez en su vida y de que pueda rendir poniendo huevos durante más de veinte años, ha reforzado la leyenda de alimento afrodisíaco y de cualidades longevas.

Hace 500 años nuestros antepasados Guanes también las utilizaban como analgésico en forma de cataplasmas sobre los sitios del cuerpo afectados. Para su alimentación las asaban sobre lajas de piedra o tiestos de barro al fuego vivo. Las mantenían conservadas por mucho tiempo guardándolas en pequeños calabazos. El advenimiento de las hormigas culonas representa todo un acontecimiento en las familias campesinas y de villorrios de algunas zonas de Santander, pues entraña diversión y una fuente de ingresos extra.

DESCRIPCIÓN DEL PROCESO

Después de su recolección en la boca de los hormigueros, las hormigas son envasadas en recipientes de material fuerte para que al ser trasportadas vivas a los centros de acopio en las cabeceras municipales lleguen en las mejores condiciones de bienestar, puedan respirar cómodamente y con los mínimos niveles de estrés pre-sacrificio. Seguidamente se someten a un proceso de eliminación de alas y patas, para posteriormente bañarlas con una solución de salmuera. De ahí y aún vivas son tostadas en recipientes de barro en forma de tiestos y a fuego vivo, cuidando que los aceites que segregan los cuerpos de las hormigas oficien como lubricantes naturales en su proceso de cocción, de la mejor manera como lo hacían nuestros antepasados aborígenes Guanes hace ya más de 500 años.

Con las lluvias de Abril llega la semana santa y también las culonas; hormigas santandereñas de cuyo abdomen protuberante (10 x 7 mm. , Aproxm.) derivan su nombre.Después de una noche de lluvia y tras un amanecer soleado, las hormigas reinas emprenden su vuelo nupcial para que el macho llamado padrón, zángano o avioncito las fecunde y después de ese único y feliz acto de amor, este caiga al suelo y muera.La reina fecundada se precipita a tierra, se despoja de sus alas y comienza a cavar un hueco en la tierra blanda para así iniciar la fundación de su propia colonia. Trascurrirá un largo año para preparar el nacimiento de nuevas reinas y nuevos machos o padrones. Durante este tiempo la colonia hierve en actividad con miras al exclusivo cumplimiento de este propósito. Las obreras buscando y cargando hojas, los soldados cabezones y armados de temibles pinzas, cuidándolas.

Futuras reinas y machos reciben exclusivos cuidados en sala cunas especiales, de nodrizas que los alimentan con leche segregada por ellas mismas. Tanto esmero sumado a este extraño alimento, que concluye en la ceremonia nupcial en la que el macho derrocha el colmo de su vigor en el único acto de amor de su existencia, tributándoselo a la reina, ha despertado la leyenda de lo afrodisíaco de las hormigas culonas.

En Santander en las regiones de Barichara, Guane y la Mesa de Los Santos se han encontrado familias de mas de 20 hijos en las que los jefes, patriarcas centenarios, le atribuyen su fertilidad y longevidad al consumo permanente de hormigas culonas.

En la actualidad aún se procesan para su consumo como hace 5 siglos. Cuando el aire del vecindario se llena de cierta aroma cuando están tostando hormigas, hace que los parroquianos exclamen: ¡están asando culonas!

Olor de hormigas culonas: olor de sexo de doncella que apremia los sentidos; reminiscencia de aromas de rituales amorosos de cualquier amante que se precie.

LA NEGOCIANTE DE CULONAS

Era jueves de mercado y venta de culonas aquí en Bucaramanga.

Ese día una famosa y célebre matronallegó donde ese bicho se vendía.A como las culonas caballero?preguntó con su voz dominadora; y presuroso contestó el ventero:A quince pesos libra mi señora

!!A quince pesos libra??

¡¡Qué descaro!!!¿A quince pesos libra?

¡¡Intolerable!!!Que animalillo para estar más caro, no me parece un precio razonable.Y la dama pensando en la rebajale propuso al ventero con destreza:Oiga señor, y a como me las deja,quitándole a los bichos la cabeza??

El hombre se irritó profundamenteal oír tan exótica propuesta,y a la dama exigente y arrogantediole esta filosófica respuesta:La hormiguita aquí de Santandery perdone que le diga con franqueza,se cotiza igual que a la mujer:por lo demás ...... y no por la cabeza.

El tiple: cuerdas deliciosas


Por Bernardo Arias.

El tiple no puede faltar en ninguna casa labriega, en el taller aldeano, en las cantinas del pueblo, en las fondas de los caminos reales...

El trío tradicional andino-colombiano está conformado por bandola, tiple y guitarra. En Santander la bandola se reemplaza por un tiple melódico o uno requinto -más agudo que el tiple corriente, debido al pequeño tamaño de la caja acústica y a la utilización de cuerdas de acero exclusivamente. Así, la configuración instrumental de la región es diferente a la tradicional.

El tiple melódico suele presentarse también como solista, acompañado de un segundo tiple dando origen al dueto instrumental santandereano. El trío y el dueto hacen interpretaciones, ellas sí, muy tradicionales: no tienen cabida las armonizaciones disonantes que se abren paso en otras regiones de Colombia.

La ejecución, en síntesis, se reparte de manera tajante entre un tiple solista melódico, un tiple acompañante rítmico y una guitarra marcante, sin someterse al arreglo armónico, preconcebido.

ASÍ ES EL NUESTRO

La afinación y la técnica de ejecución distinguen el tiple de la región santandereana, si bien es el instrumento emblemático de la música de toda la región andina de Colombia.

Solamente en Santander el tiple se afina en Si bemol, mientras que en otros lugares se hace igual que el piano, es decir, en Do. Dicho de otra manera, el tiple santandereano se afina una tonalidad más abajo de la afinación universal y la consecuencia es un timbre mucho menos agudo y más aterciopelado, aunque con menos capacidad sonora. Además se tiene la ventaja de producir un vibrato muy amplio, algo que caracteriza siempre la ejecución regional de tiple.

En la técnica también hay diferencias. Mientras corrientemente el tiple melódico se ejecuta a mano, abierta, utilizando todos los dedos de la mano -la misma técnica de la guitarra- en Santander se usa el plectro, denominado aquí pluma, fabricado con cacho, material sintético o una cuchilla de afeitar. El tiple acompañante realiza un surrungueo muy propio y muy suave, a mano cerrada, El tiple solista individual, tan difundido en el resto del país, es prácticamente inexistente en la región santandereana.

EN EL ESCENARIO

Notables ejecutantes han enaltecido el instrumento, empezando por el maestro veleño Pacho Benavides, nacido con el siglo. En sus manos adquirió jerarquía de tiple concertino (melódico) y como tal llegó al acetato por primera vez. Recorrió las salas de concierto de varios lugares del mundo y encontró al primer compositor de música hecha exclusivamente para él.

Una tradición de virtuosos tipleros santandereanos comenzó con el maestro Benavides. Fue enriquecida por el maestro Mario Martínez Jiménez -uno de los integrante del afamado Dueto de los Hermanos Martínez- y con él se configuró lo que podría llamarse la Escuela del tiple santandereano, pues de alguna manera son discípulos suyos todos los intérpretes consagrados: Pedro Nel Martínez, José Luis Martínez y Jairo Arenas, todos ellos ganadores sucesivos de los tres concursos nacionales de tiplistas realizados en Ibagué durante los años de 1973, 1975 y 1978. Esta escuela es continuada hoy por tiplistas destacados como Luis Alfonso Medina, Evaristo y Domingo López, Alfonso Oviedo, Henry Mora y otros.

En el género de la composición de la música tradicional santandereana hay una nómina de grandes representantes: Luis A. Calvo, José A. Morales, Lelio Olarte, José de Jesús Vargas, Oriol Rangel, Víctor M. Guerrero, Leonardo Gómez Silva, Gustavo Gómez Ardila, Miguel Durán López, Bonifacio Bautista, Fausto Pérez, Mario Martínez, Pedro Nel Martínez, Rafael Aponte, Alfonso Guerrero, Carlos Serrano, Severo Mantilla , Rodrigo Mantilla , Oriel Mantilla , José Rozo Contreras, Pacho Benavides y otros que se nos escapan.

Buena parte de la música de Santander reposa en el repertorio de la agrupación de intérpretes con mayor trayectoria: la Rondalla Bumanguesa. Su configuración instrumental está dada por un violín, dos flautas, piano, tiple, guitarra y contrabajo. Don Juan Guerrero fue su fundador en el año 1948 y la dirige actualmente su hijo Alfonso Guerrero.

FIN.